25 de noviembre…fun,fun,fun.

24 de noviembre de 2021
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Pablo Erramusbea Núñez

Uno de los problemas sociales que más nos preocupa como ciudadanos, periodistas, y ahora también como dinamizadores de los talleres de ‘La Prensa en las escuelas’, es la Violencia de Género. Con motivo de la fecha de su conmemoración, el 25 de noviembre, me gustaría compartir algunas de las experiencias que he vivido en las aulas de secundaria respecto a este tema, y cómo en los últimos años el discurso mayoritario de concienciación y sensibilización por parte del alumnado se ha ido difuminando a favor de un mensaje mucho más escéptico y reaccionario.

Aún recuerdo cuando hace casi un lustro me inicié en esto de la enseñanza y la alfabetización mediática que, si por entonces me parecía necesaria y útil, ahora la considero fundamental para la organización de nuestro pensamiento y el desarrollo de nuestra capacidad crítica en un contexto de confusión y desinformación frente al dominio de las pantallas. Como decía, recuerdo los pasillos de los institutos gobernados por cartulinas de color morado, repletas de mensajes en su interior, que evidenciaban esta lacra social y que daban colorido a aquellas frías y desangeladas galerías. Una vez en clase, la mayoría de alumnos y alumnas identificaba adecuadamente la importancia del 25-N, y las voces contra la violencia machista y los estereotipos de género se manifestaban abiertamente, sin ningún tipo de cortapisa. Esto es lo que se conoce como educación en valores, y es uno de los pilares básicos de nuestro sistema educativo en su objetivo de fortalecer los valores democráticos y la convivencia social frente a una educación unilateral y tribal.

Sin embargo, en los últimos tiempos, todos hemos visto cómo determinado discurso político ha ido calando en algunos sectores de la sociedad hasta tal punto de negar la cuestión, con el claro propósito de erosionar el debate público, contaminándolo con falsedades y desinformación, exacerbar la polarización y la división social, y desacreditar a las instituciones que tradicionalmente han dispensado el conocimiento, ya sean políticas, educativas, periodísticas o académicas. Inevitablemente, este discurso también ha llegado a las aulas. Hoy en día, es cada vez más frecuente encontrar entre el alumnado a chicos y chicas que recitan como papagayos y con voz alta y orgullosa este mensaje de que “la violencia no tiene género” o que esto es un cuento de las “feminazis”. Como ven, los chavales son esponjas, y se familiarizan rápidamente con el vocabulario que leen, ven y oyen en los medios de comunicación.

Hace unas semanas, en una clase de tercero de la ESO, tuve un grupo de unos veintitantos alumnos que no sólo no supo responder a la pregunta de qué se conmemora el 25-N, sino que se tomaron a broma la consulta: “Es el Día de Andalucía”, “no, no, es el Día del Niño”, “que va… ¡25 de noviembre, fun, fun, fun!”. Al fondo del aula, la profesora miraba al suelo negando con la cabeza, y recordé sus palabras antes de empezar el taller, advirtiéndome de que se trataba de un grupo donde los chicos son muy dominantes y que debía de tener paciencia respecto a determinadas cuestiones. No obstante, corrí un tupido velo, y encajé la chanza como una forma simpática de romper el hielo o, incluso, quién sabe si se debía a una muestra de desconocimiento. No hay por qué saber de todo. Más adelante, se confirmaron mis presagios y la polémica saltó a la palestra, precisamente con los mismos que habían hecho del tema un chiste. Y eso no me preocupó. Al contrario. Me gusta que en mis sesiones haya opiniones de todo tipo y que las mismas se respeten. Lo que no me gustó fue ver a la mayoría de la clase callada, mirando al suelo, y escondida tras una mascarilla, cuando en sus ojos se reflejaba las ganas de decir algo y rebatir esos argumentos. ¿Dónde estaban los chicos y las chicas que anteriormente se manifestaban críticos ante el machismo y la violencia de género?

Estoy convencido de que continúan estando ahí. Sin duda, siguen siendo mayoría, pero, desgraciadamente, hoy es una mayoría silenciosa, anestesiada, que rehúye de la confrontación y a la que, quizás, le interesen otros temas. Por esta y por muchas más razones, todas las acciones educativas encaminadas a despertar el pensamiento crítico del alumnado son esenciales y necesarias en la etapa de secundaria, y más si cabe en un contexto de desorden y confusión potenciado por el auge de internet y las redes sociales. En ello está la comunidad educativa, y también nosotros, dinamizadores del taller de prensa, con nuestra labor auxiliar y complementaria. Todo sea porque nuestros hijos y nuestras hijas sean conscientes de los problemas de su alrededor, respeten al prójimo, defiendan sus derechos y que jamás se callen ante el ruido de las panderetas”.

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La Prensa en las escuelas


‘La Prensa en las escuelas’ es un proyecto educomunicativo, impulsado por la Asociación de la Prensa de Sevilla y financiado por EduCaixa, para promover la alfabetización mediática del alumnado de Secundaria y Bachillerato.


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