El cambio necesario para lograr una ciudadanía libre

4 de febrero de 2022
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Rocío Domínguez Cejudo

Entrar en un instituto siempre te hace retroceder unos años y recordar la edad en la que las ansias de ser mayor y las inseguridades convivían a diario. Sin embargo, cuando vas como docente rápidamente asumes la responsabilidad que tienes ante esos jóvenes, aunque sea sólo durante unas horas. Una vez en el aula, y tras charlar brevemente con el profesorado, te das cuenta que las clases magistrales y el discurso unidireccional van dejando paso a otras formas educativas. Un proceso de cambio, más lento de lo deseado, que busca alcanzar una sociedad comprometida y con herramientas para pensar por sí mismas. Hasta hace poco, muchos modelos educativos potenciaban las habilidades más competenciales, basadas en el conocimiento de una materia y en adquirir conocimientos a través de la memorización. Sin embargo, la sociedad está cambiando y algunos educadores señalan que, además de fortalecer la memoria del estudiantado, es importante ayudarles a desarrollar sus habilidades sociales, emocionales y aquellas que les permitan aprender por sí mismos.

Tenemos que tener presente que vivimos en una época en la que fake news y la desinformación predominan en el panorama comunicativo, es necesario enseñar a la juventud a ser críticos con el contenido que consumen en la red para evitar que reproduzcan los discursos viciado. Internet ha puesto a nuestro alcance mucha información de cualquier parte del mundo a la cual podemos acceder en cualquier momento. Noticias de medios de comunicación, artículos de blogs, cadenas de mensajería instantánea, publicaciones de redes sociales… Todos se mezclan y es importante diferenciar el contenido veraz del que no lo es. Conocen el concepto de ‘fake news’; pero, pese a que se vanaglorian de saber reconocer una información falsa al instante la realidad es bien distinta. Cuando les ponemos titulares publicados en medios o redes sociales empiezan las dudas y toman conciencia de lo manipulables que somos.

Debemos hacer un ejercicio de reflexión ante el público con el que trabajamos; desde su infancia están siendo expuestos sin preparación ni control parental a mensajes que moldean su conducta y sus hábitos. Existe una importante brecha digital que hace que no siempre en casa o en la escuela les puedan ofrecer las herramientas necesarias para el consumo responsable de las tecnologías, ya que la población adulta tampoco hemos sido formados para el consumo audiovisual. Toda la responsabilidad no recae sobre la juventud; las familias y el sistema educativo deben ser consecuente con la realidad en la que se desenvuelven y adoptar las medidas pertinentes. No es posible detener el avance imparable de la tecnología ni el abordaje desmedido hacia los contenidos, pero sí podemos, o mejor dicho, sí debemos formarnos y formar a las futuras generaciones para entender y enfrentar correctamente los hechos mediáticos.

Ese cambio en los modelos educativos y las metodologías utilizadas en las aulas, que se va apreciando paulatinamente, no debe dejar atrás la formación educomunicativa. Hay que poner en valor los recursos pedagógicos que ofrecen los medios de comunicación ya que son herramientas para educar, aprender y preparar la juventud para pensar, desarrollar su conciencia y su sentido crítico.

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