28 de noviembre de 2021
Ítaca 9

Emilio Castro Juárez

Es difícil tener catorce o quince años, siempre ha sido duro el tránsito de la pubertad a la juventud y no existen manuales de consulta. Esta sociedad, que cambia al ritmo que marcan los avances tecnológicos, deja a merced del mercado y las modas, a los y las adolescentes, que andan apabullados ante el bombardeo de información manipulada, cuando no, falsa. No tienen aún certezas a las que asirse, por eso buscan constantemente referentes, que obviamente se parecen muy poco a los que tuvimos nosotros. Es evidente que en tiempos de inundación informativa, el agua potable escasea. El bloqueo mental es notable, quizá por eso dejan abiertos solo unos pocos canales. De esta forma los youtubers, tiktokers, instagrammers y demás influencers, se han acabado  convirtiendo en los gurús de toda una generación, en las únicas voces que escuchan para relacionarse con el mundo, más allá del entorno familiar.

La única ventana por la que miran es su móvil, no lo usan, abusan de él. Esta dependencia intenta ser paliada por el sistema educativo con muchísima dificultad. Me consta el esfuerzo de muchos docentes a los que una vocación férrea, les mantiene en su puesto.

En mi experiencia como dinamizador de ‘La Prensa en las escuelas’ no he dejado de sorprenderme ante el estado en el que llega a clase el alumnado. Se les ve muy cansados, con esas edades lo normal es dormir alrededor de diez horas al día. Sin embargo, en muchos casos no duermen ni cinco. El responsable es el celular, o mejor dicho, la dejadez ante la exposición de chavales inmaduros a este aparato con el que se aislan y acaban estableciendo una relación de dependencia. Agotados, algunos terminan por dormirse en plena clase. Los profesores se ven impotentes ante estas situaciones.

Muchos centros han declarado la guerra al móvil, están prohibidos incluso en el recreo, lo que es totalmente comprensible. El móvil podría ser una herramienta utilísima en la educación, pero acaba resultando un freno importante. Sorprende mucho, no ya que no sepan qué es un periódico impreso, sino que desconozcan la radio y hasta la televisión, ni siquiera conocen los medios digitales. El móvil solo lo usan para relacionarse en redes sociales o chatear en WhatsApp. Los grupos cerrados, acaban estableciendo una comunicación endogámica totalmente irreflexiva, ausente de crítica. Es la cultura del pásalo y del bulo, que a base de ser replicado hasta el infinito, adopta la apariencia de verdad. Mensajes machistas, xenófobos, homófonos y negacionistas de casi todo, campan a sus anchas en las redes, (muchos adultos también son víctimas de este estado de cosas). Por extraño que parezca, hay problemas aún más graves, como la imposibilidad de discernir entre la realidad y la ficción que tienen algunos a los que todo les parece virtual, la realidad es una especie de videojuego.

Afortunadamente, no todo está perdido, se puede contrarrestar esta influencia. Pero de momento están indefensos ante la mentira, los tópicos y los lugares comunes. Por tanto, es imprescindible que alguien les explique la importancia que tiene estar bien informado. Solo una población bien informada puede ser libre. Me consta que el sistema educativo hace lo que puede, pero es insuficiente para luchar contra el monstruo de la desinformación galopante. Uno podría pensar que los hijos de familias desfavorecidas, están más indefensos que el resto, pero no es así. La plaga del bulo y del desconocimiento, afecta a todos los estratos sociales por igual. Se puede cambiar la forma en la que usan el móvil en lugar de luchar contra él. Solo es un aparato por el que llega todo, lo bueno y lo malo, lo brillante y lo mediocre, lo seguro y lo peligroso.

Necesitamos un esfuerzo colectivo, un acuerdo que nos involucre a todos. Los medios de comunicación, las administraciones, el sistema educativo y las familias; la sociedad en su conjunto, debe esforzarse en construir un futuro formado por personas libres que tengan un espíritu crítico. El trabajo de ‘La Prensa en las escuelas’, es fundamental para conseguir este objetivo. Nadie mejor que los profesionales de la comunicación social, para impartir estos talleres en los que se les explica a los y las alumnas, lo que prácticamente nadie les ha explicado nunca. La reacción por parte del alumnado es buena, siempre lo es. No podemos dar por sentado que conocen cosas que nadie les ha explicado nunca. Es imposible que reaccionen bien a tal cantidad de estímulos, en un mundo que cambia constantemente, al que nos cuesta adaptarnos a todos.

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La Prensa en las escuelas


‘La Prensa en las escuelas’ es un proyecto educomunicativo, impulsado por la Asociación de la Prensa de Sevilla y financiado por EduCaixa, para promover la alfabetización mediática del alumnado de Secundaria y Bachillerato.


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