Pérdida de valores y desinformación, una realidad preocupante entre adolescentes

12 de enero de 2022
Ítaca 11

Silvio Moral Recio    

Desde hace algunos años estamos observando cómo nuestra sociedad sufre un deterioro progresivo en la concienciación sobre los valores sociales que está asentándose entre nuestros jóvenes y adolescentes. Parte de las nuevas generaciones van perdiendo la empatía respecto de los problemas de los demás para centrarse en el Yo. La información fidedigna está siendo sustituida por las diferentes formas de desinformación que encuentran en las redes sociales sus adecuados canales de propagación.

Escuchar frases del estilo “como dice mi madre, si la muerta no es de mi familia o no es amiga mía, a mí no me importa” o “la culpa es de ellas por ponerse esos short tan ajustados cuando todas sabemos que los hombres tienen sus necesidades” en boca de unas adolescentes para justificar y restar importancia a las últimas agresiones sexuales y asesinatos machistas me ha producido un profundo shock.

La pérdida de conciencia social y de valores humanos, que como demuestran diferentes estudios y estadísticas, va creciendo en los últimos tiempos tanto entre los chicos como en las chicas. Esto está poniendo en riesgo los logros alcanzados en estas materias en décadas anteriores y que nos ha permitido vivir en una sociedad moderna y avanzada, la cual se van deteriorando a pasos agigantados. El entorno familiar, el sistema educativo, los profesionales de la información, los responsables políticos y la sociedad en general no están siendo capaz de continuar avanzando en la labor de crear conciencia social, nos hemos estancado y estamos comenzando a retroceder.

El Barómetro juventud y género del Centro Reina Sofía 2021 recoge, entre otros muchos datos,  que el 20,9% de los chicos y el 7,3% de las chicas opinan que la violencia de género “no existe y es un invento ideológico”, experimentándose un crecimiento en estas posturas de 10 puntos y 2,4 puntos respectivamente. También refleja que el 15,4% de los varones y el 7,3% de las féminas piensan que si la violencia “es de baja intensidad no es un problema”, un crecimiento del 3,3 puntos entre los ellos y de 2,5 puntos entre ellas. El problema que reflejan estas conclusiones y que se nos viene encima es que estas posturas van ganando adeptos cada año y que la percepción de violencia de género como uno de los grandes problemas sociales va perdiendo relevancia. La misma situación se está observando respecto de otras lacras sociales como el racismo, la homofobia o el bullying.

A pesar de encontrarnos viviendo en una época donde el acceso a una información de calidad debería estar garantizada por el gran avance tecnológico experimentado, nos encontramos que de un tiempo a esta parte se está produciendo el efecto contrario. Actualmente, gran parte de la propuesta informativa que se realiza a la sociedad desde los diversos ámbitos se caracteriza por una desmesurada oferta de datos sesgados, con poca información fiable y con mucho marketing. Como dice el periodista Juan Pedro Valentín “hay mucho ruido y poca información fidedigna” y como matiza el informador Xosé Luis Barreiro “poca información y mucha algarabía”.

Una parte significativa de las nuevas generaciones está muy poco informada y además carecen de interés por informarse adecuadamente. Las formas tradicionales de informar e informarse apenas encuentran adeptos entre los jóvenes. Las noticias que se ofrecen por los canales tradicionales y profesionales les “aburren”, requieren una reflexión que no quieren hacer o para la que no cuentan con la base necesaria. Están cansados de la imagen catastrófica y decadente de la sociedad que se les ofrece y se decantan por los mensajes simplistas, impactantes y contundentes que les aseguran un futuro esperanzador con el mínimo esfuerzo.

Estos mensajes, que consumen de forma masiva y casi compulsiva, son los que van moldeando su pensamiento crítico. Muchos de ellos son productos de desinformación lo que les convierte en individuos propensos a caer en las redes de los populismos y, por lo tanto, fácilmente manipulables. Se busca alejarlos de la verdadera realidad social, de sus problemas y de la búsqueda de soluciones para encaminarnos hacia modelos de gran atractivo para los jóvenes en los que predomina el lujo, la popularidad o el reconocimiento social y cuyos máximos exponentes son youtuber e influencers, cantantes y DJ y en menor medidas deportistas de élite.

Contamos con magníficos profesionales de la educación, de la información, de la divulgación y de otros muchos campos a los que es necesario darles las herramientas adecuadas para que ejerzan su labor social. Ésta no es otra que la ardua tarea de inculcar hábitos sanos y de sentar las bases y los criterios para el desarrollo de la autonomía personal y la responsabilidad social de cada uno de nuestros adolescentes. Gran parte de este objetivo pasa por facilitar a nuestros jóvenes una formación intelectual sólida y una información real y adecuada que les permita cuestionar la trascendencia de sus actos y comprender y asimilar las normas, organizaciones y formas de convivencia ahora que se encuentran en una etapa socializadora y en la que se asoman al mundo de las relaciones sociales.

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