¿Quién teme al calamar feroz?

27 de diciembre de 2021
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Piedad Bejarano Fernández

La primera toma de contacto entre el alumnado y el periodista en los talleres de alfabetización mediática ‘La Prensa en las escuelas’ suele ser a través de un cuestionario de actualidad. Es el primer pulso que tomamos a esos ojos que sobre las mascarillas te miran preguntándose qué ha pasado con su clase de lengua entre aliviados y curiosos.

Desde la primera pregunta se generan una serie de reacciones de todo tipo: resoplidos, risas, confesiones sinceras como un “maestra, no tengo ni idea, qué hago” o vergüenza repentina “es anónimo, ¿verdad? Porque no quiero que veas que no sé nada”.

No, no saben, por ejemplo, quién es el alcalde de su ciudad. El porcentaje de alumnos que acierta es bajo, sin contar con aquellos que parecen confundir entre lo que es el alcalde, el presidente del Gobierno o el líder de la oposición y acaban haciendo un gazpacho interesante.

No, tampoco nos sorprende que no les interese lo más mínimo saber quién es el alcalde de la ciudad ni qué son los premios Planeta. Te lo dicen abiertamente. Sin embargo, esa desconexión informativa con todo aquello que les rodea tiene consecuencias palpables: algunas manos se levantaron en un aula para afirmar que no hay Covid. Y algunas otras voces, más tímidas, aseguraron que “sí hay virus, pero todas estas medidas son una exageración”.

En ese clima de confesiones que se genera cuando ya alguno se atreve a dar el primer paso, te defienden que las cucharas se pegan en el brazo tras vacunarte porque te implantan un imán, que el volcán de La Palma puede provocar un megatsunami o que la violencia de género no existe.

Un aula es una pequeña muestra de la sociedad en la que vivimos, representada en nuestros jóvenes, el futuro, aquellos a los que miraremos en años venideros con esperanza. Y aunque estos talleres son una montaña rusa de sensaciones en las que a veces sientes una profunda frustración cuando alguien defiende que “la mayoría de las denuncias por violencia de género son falsas” o que hay una plandemia; también me llenan de convicción de que hacemos lo correcto cuando acaban, se te acercan y te agradecen que hayas ido, que les hayas abierto los ojos en algunas cosas.

Según el informe PISA, el alumnado español está muy lejos de saber identificar un bulo de lo que no lo es o de cuestionarse siquiera las graves consecuencias que esto implica. Te das cuenta en lo que defienden y argumentan: repiten discursos que han leído en redes sociales, hablan de oídas, aseguran que no leen, escuchan o ven las noticias. “Prefiero ver El Juego del Calamar que las noticias esas que a mí no me importan nada”.

Ay, el calamar. Nuestros adolescentes son una generación visual: consumen constantemente contenidos audiovisuales en una vorágine sin fin que hasta cambia las dinámicas: incluso el mundo de la música se adapta a generar vídeos o canciones en formato reducido porque los vídeos de TikTok durante 20 o 30 segundos.

Una ansiedad por ver sin mirar que les hace estar constantemente recibiendo estímulos que no filtran. Ya no es que lean una noticia falsa. Suerte si la leen. Es que dan por veraz un vídeo grabado en otro país que les han dicho que ha ocurrido en su ciudad y ni se lo cuestionan. Compartir, reenviar, captura de pantalla. El pan de cada día.

El poder de las imágenes como sinónimo de realidad auspiciada por una prisa, un consumismo de contenidos digitales centrifugados, la hegemonía detrás de esto que ven (vemos) y también crean. Porque no son sujetos pasivos: crean contenidos, difunden fakes. Te defienden que la cuchara se les quedó pegada y lo difunden. Copian actitudes violentas que han visto en la última serie de moda.

Muchas vestiduras se han rasgado denunciando que los menores han visto una serie como El Juego del Calamar y que en los patios de recreo se imitaban ciertas conductas. También te lo dicen los profesores. Y sin duda, es preocupante que los menores tengan acceso a contenidos violentos, pero en muchos casos, han visto la serie acompañados de sus padres, o en otros, en sus dispositivos móviles.

Y si una serie provoca este efecto, ¿qué no provocarán muchos de los contenidos a los que acceden? ¿debemos extrañarnos que defiendan que “algo haría” la víctima de la última violación? Después de indignarnos toca el momento de actuar: de enfrentarles, cuestionarles, debatir, hacerles reflexionar.

Ponerles frente a diferentes portadas del día donde están esas noticias que han destacado los medios, aquellas que ellos consideran que no les afectan para nada y descubrir que, en realidad, sí que les importan un poco. Descubrir además que tienen que contrastar, consultar varias fuentes. Que el periodismo, el que luchamos por perpetuar, es su aliado. No me canso de repetirles que un ejercicio del periodismo digno es su derecho y que lo deben exigir.

Desconfían, desde luego, han aprendido a ser espectadores pasivos. “Es que los medios mienten”, asegura alguno. Otro le contradice: “¿cómo sabes que mienten si has reconocido que no lees noticias antes?”

Donde nada les importaba más allá de El Juego del Calamar, se sorprenden entregados a verificar noticias, a debatir enfoques, a contrastar información. El sentimiento que impera, salvo alguna excepción es de gratitud.

En mi última sesión, una chica había salido de la clase emocionada.  Estaba agradecida porque se abordaron ciertos temas en el aula. Igual dejamos esas clases sin que recuerden quién es el alcalde, pero mi sensación es que algo se despierta en ellos.

La alfabetización mediática es una asignatura pendiente en las aulas y la sociedad. Igual que hay saberes que se asumen incuestionables, deberíamos preguntarnos si no nos arrepentiremos más adelante si damos por hecho que la formación en comunicación no es necesaria en el mundo en el que vivimos ante el auge de la desinformación y la pasividad.

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La Prensa en las escuelas


‘La Prensa en las escuelas’ es un proyecto educomunicativo, impulsado por la Asociación de la Prensa de Sevilla y financiado por EduCaixa, para promover la alfabetización mediática del alumnado de Secundaria y Bachillerato.


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