Todavía hay esperanza

28 de marzo de 2021
Ítaca 7

Emilio Castro Juárez

Impartir talleres de alfabetización mediática de ‘La Prensa en las Escuelas’, con las limitaciones de la situación actual, me ha hecho ver la situación en la que se encuentra la generación que ahora estudia enseñanza media. He tenido un gran apoyo por parte del personal docente, a los que les han parecido muy interesantes temas tratados como: qué es el periodismo, el derecho a la información, las secciones de un periódico, qué es el fotoperiodismo, los estereotipos de género, etc.

– “Estas materias tiene que explicarlas un profesional”- me decía una de las profesoras.

En principio supuse que los y las adolescentes desconocen muchas cosas por la lógica inexperiencia. Son aprendices de personas adultas, están perdidos en un mundo en el que hasta ahora, no han tenido que tomar decisiones. Recordé la idea que yo (que también estaba perdido), tenía sobre la realidad con quince años y qué mentalidad tenían los mayores de aquella época. La brecha generacional en los años ochenta también era enorme. Los adultos habían superado una durísima postguerra, con una absoluta falta de libertad, represión sexual y política, machismo institucionalizado, nacional catolicismo, incultura, emigración, pobreza generalizada…

Nosotros en cambio, despertábamos a la vida en un país ilusionado, que luchaba por derechos ahora conquistados en gran medida. Queriendo olvidar nuestro funesto pasado, nos olvidamos de contarles a nuestros hijos, cómo se construyó la democracia, cómo se conquistaron las libertades, la igualdad de derechos civiles, sociales y laborales. Tampoco les contamos la importancia que tuvieron los medios de comunicación independientes para conseguir el país moderno, desarrollado y rico en el que vivimos hoy.

La generación de nativos digitales, desconoce el trabajo decisivo realizado por Adolfo Suárez, Santiago Carrillo, Manuel Fraga o Felipe González y muchas ciudadanas y ciudadanos anónimos y cómo llegaron a acuerdos consensuados. El papel importantísimo de Marcelino Camacho o Nicolás Redondo y muchas trabajadoras y trabajadores, para conseguir condiciones dignas de trabajo. La lucha por la igualdad entre hombres y mujeres de Clara Campoamor, Lidia Falcón y muchas feministas más. Carla Antonelli, Mar Cambrollé o Viviana Fernández entre otras muchas, visibilizaron y lucharon por los derechos LGTBI. Hubo que ganarse también el derecho a estar informado. No saben que sin publicaciones, entre otras, como Triunfo, Cambio16 o El País, nada habría cambiado, porque la sociedad no habría tomado conciencia de la injusticia social en la que vivíamos. No saben nada de esto, creen que el mundo es así desde siempre porque no se lo hemos explicado.

Esta es una generación, ni peor ni mejor que otras anteriores, sacan conclusiones a partir de la información de la que disponen. Este es precisamente el problema, son muy pocos los que ven informativos de televisión o escuchan la radio. Encontrar a un o una adolescente que lea un periódico o un medio digital es casi un milagro. Consumen, eso sí, toneladas de música con letras machistas, la que les llega. Dedican horas a ver vídeos de indocumentados en Youtube, o ver fotos de influencer  en las redes sociales, que viven una vida de mentira basada en el consumo y la apariencia física. Se propugna el éxito a cualquier precio, el todo gratis, la vida sin esfuerzo. Por supuesto que los medios de comunicación, no todos, tampoco están en su mejor momento. Se ha caído en un partidismo bochornoso, en un periodismo de espectáculo, ausente de matices, que embarra todo. Esta situación tampoco ayuda mucho.

¿Entonces, por qué nos sorprendemos? ¿Cómo pueden enfrentarse al bombardeo diario de frivolidades, noticias falsas, manipuladas o descaradamente partidistas? La solución está en la educación. El sistema educativo y las familias, han de estimularles para que piensen por sí mismos. Si no hacemos esto, los estamos dejando indefensos. Desgraciadamente los mensajes simplistas que producen odio por ignorancia, les llegan fácilmente y acaban arraigando con una facilidad pasmosa.

Sin pretender buscar nuevas vocaciones hacia la maltrecha profesión periodística, he tratado de estimularlos para que haya nuevos consumidores de información veraz, aun sabiendo que es una tarea difícil. Les explico la diferencia entre realidad y ficción. Que cuando se ven en televisión imágenes de una catástrofe no es un videojuego, sino la cruda realidad. Que, al igual que cuando hay una inundación, lo primero que falta es el agua potable, en la avalancha de noticias, es poca la información veraz. Lo entienden a la primera, comprenden lo que significa la libertad de expresión, el peligro que tienen las noticias falsas, la intención de manipular la verdad y lo fácil que es caer en el engaño.

Se sorprenden cuando les explico la importancia que ha tenido el periodismo en la historia y cómo, ciudadanos bien informados han ejercido sus derechos democráticos para hacer caer malos gobiernos y reparar injusticias. También otras formas de periodismo no escrito como el fotoperiodismo y cómo la foto de una niña huyendo del Napalm en Vietnam, concienció a la sociedad estadounidense, posicionándola en contra de la guerra. Han visto lo poco que cuesta manipular una fotografía. Les cuento que el periodismo es un potente trasmisor de la cultura contemporánea y que si no tienen información no pueden tener opinión sobre nada. Que es un espejo en el que mirarnos, un punto de referencia en el de análisis de lo trascendental y lo cotidiano. Que estar informado es ser libre.

Cuando alguien repite argumentos falaces a favor del machismo, el racismo, la xenofobia o la homofobia, se siente en minoría, la mayoría pone cara de desaprobación, otros contra argumentan,  preguntan, debaten. También me han pedido que les cuente situaciones en la que me he encontrado. En la mayoría de los casos se impone el sentido común. He aprendido mucho de estos adultos del futuro, me he dado cuenta de que no todo está perdido. Creo que esta experiencia les ha servido a muchos y que, mis compañeras, compañeros y yo, hemos sembrado una semilla de libertad.

Lo más importante que he aprendido de ellos, es que no tenemos que perder la esperanza en un futuro de personas tolerantes y librepensadoras.

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‘La Prensa en las escuelas’ es un proyecto educomunicativo, impulsado por la Asociación de la Prensa de Sevilla y financiado por EduCaixa, para promover la alfabetización mediática del alumnado de Secundaria y Bachillerato.


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